El mito


EL LOCAL PERFECTO

El avión ya se mueve, dejando el JKK. Me suena el teléfono y la azafata me mira fatal. Con disimulo, leo el mensaje, escalofrío. Anna W con una de sus misiones imposibles: quiere editar una guía, la mejor, de locales contemporáneos con la combinación ideal de ambiente, casting, bar, gastronomía, diseño y música.

Sobrevolando el inmenso espacio entre los continentes, recordé un extraño episodio de la última vez que estuve en la Ciudad de la Luz.  A la salida del teatro escuché una melodía lejana, como casi la reverberación de las últimas notas de La Tosca siguiera diluyendo en mis oídos. En una tienda de instrumentos musicales semivacía, encontré un pianista solitario desgranando notas de una música insólita. Cuando los presentamos y él se autodefinió como un sibarita que había recorrido el mundo en busca de la perfección, pensé que su cara me era familiar. Mientras destilaba su improvisado concierto en negro lacado y texturizado con las notas de un champán, me llevó por un viaje imposible para describirme su sueño. Una tupida trama de lugares, sabores, texturas, personajes e historias, frecuentados, soñados y fabulados, que para él constituirían  el linaje del local perfecto.Me encontré en el Florian, el aroma de un corretto en la silenciosa compañía de Proust. Saliendo de la Scala, dejando a Vedi por el “intonarumori” de Russolo y un bitter en el Camparino. Aturdiéndonos con el alegre barullo del piano ilegal  y las notas del hada verde en el Chat Noir. Visitando la Metrópolis prohibicionista para escuchar a Amnstrong en el Cotton Club, cuando el escocés era precioso. En el East Midtown de la mano con Pompougnac al Costes, hipnotizados por el efervescer del espumante y la pasarela perenne. Paseándonos finalmente por la secuencia cinematográfica del Sketch, un claroscuro desde el té victoriano a la odisea en el espacio…

Cuando, una vez recuperado de este gran tour, le pregunte como planeaba lograr semejante hazaña, me reveló que estaba trabajando en un ensamblaje de personajes y trayectorias, inspirándose en una composición de Stravinski: Un artista que usa como medio la cocina, creando un tenso balance entre la claridad y la crudeza de las armonías; un psicólogo que trabaja las emociones a base de elixires dosificados como cócteles; unos compositores de “música congelada”, diseñadores de interiores que crean una secuencia melódica que logre tocarnos como si fuéramos instrumentos de una orquesta invisible.

Atónito e incrédulo, dejé al visionario y volví a Londres, donde aquella experiencia comenzó a difuminarse. Ahora, tratando de continuar aquella secuencia para completar mi misión, he vuelto a Alicante, esperando encontrarme de nuevo con aquel personaje cuyo nombre nunca pregunté. En su lugar he encontrado Concerto, la increíble materialización de un sueño y la clave que buscaba para definir el local  perfecto.

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