El local se ha reconfigurado a partir de tres gestos fundamentales. El primero ha sido el nuevo vestíbulo de vidrio, tangente a la calle, que desplaza la posición de la entrada y da lugar a nuevas e inesperadas perspectivas del local. También ha sido básica la inserción de una nueva trasbarra que se incrusta literalmente sobre la existente, creando un juego de yuxtaposición entre lo nuevo y lo viejo. Finalmente destaca el revestimiento con chapa perforada de la pared del fondo, que la unifica y disimula los diversos accidentes de la misma (huecos, altavoces, máquinas). La propuesta del conjunto gira en torno a la reinterpretación, a través de parámetros occidentales, de una cierta estética árabe. La chapa perforada, por ejemplo, recrea una celosía con múltiples juegos de luz y reflejos infinitos. La composición de sofás de diferentes formatos, tapizados en terciopelo a rayas, también contribuye a esa evocación oriental. De igual modo, las alfombras dibujan un patchwork de motivos ornamentales en alusión directa a los suelos de las jaimas: tapices infinitos de esteras superpuestas.
